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El apetito del lector: delicias, peligros y proezas

14 de abril de 2020 · Serie I · Compilación: Lucía Couso

Los textos seleccionados para este camino de lectura tienen en común la comida y las formas de comer. Hay toda una tradición literaria desde los cuentos populares para niños, la poesía del siglo de oro español, hasta la heterogénea literatura actual, que muestra como la comida es parte de nuestra cultura, es placer y rito, es parte de la sociedad y la define, puede hablar de nosotros y por nosotros. Esteban Echeverría decía en su texto Apología del matambre, con humor, “Independencia, libertad; y matambre”, y todos sabemos que el dulce de leche es argentino (o lo proclamamos como tal), que los mexicanos comen sus tacos bien picantes, que en el norte de nuestro país están las mejores empanadas del mundo y en el sur los mejores corderos al asador, y que en la casa de la abuela Tita están los mejores mates con bizcochos (¡qué nadie se atreva a decir lo contrario!), y que en Inglaterra a las cinco de la tarde alguien estará tomando té… Por exceso o por falta, como conductor de un veneno mortal, o como pasaje a un mundo mágico, la comida está entre nosotros y entre nuestros libros. Y disculpen que no siga escribiendo es que tanto hablar me dio hambre…

Como les decía me dio hambre y el hambre es un gran tema de la literatura. Hambre tenía el Lazarillo de Tormes y por eso también tuvo hambre nuestro Casiperro del Hambre, y también hay hambre en las guerras como escribió Miguel Hernández en las Nanas de la cebolla, hambre tuvo Babayaga y decidió resolverlo volviéndose ogresa y comiendo niños.

Hay quienes comen libros, o una buena caponatina italiana, una sopa con albondiguillas, una luna con forma de queso y gusto a luna, unas mediaslanas, unos buñuelos hechos por una mamá que no sabe cocinar, una papa de yeso, una niña bonita, un caramelo envenenado, una mosca y un caballo, un cerdito o dos, un postre resplandeciente, una hamburguesa… aunque nadie come al apestoso hombre queso porque bueno… ¡es apestoso!

No en todos los textos seleccionados en este corpus la comida es el elemento central, pero en todos ellos aparece hilando las travesías que los personajes viven. Encontrarán textos donde la comida aparece para reforzar el verosímil, para que los lectores nos podamos situar, con todos nuestros sentidos, en el lugar donde la narración acontece. Así sucede en las novelas policiales de Camillieri, donde el comisario Montalbano se enfrenta constantemente a platos suculentos, bien italianos, mientras intenta resolver el último misterio de Vigatta, una ciudad italiana, que si bien no existe podría existir.

En la saga Harry Potter, la comida muestra otra faceta de ese universo mágico que contó Rowling, que creó para nosotros: pasteles de calabaza, ranas de chocolate que ¡saltan!, grageas de todos los sabores – literalmente, es de público conocimiento que Dumbledore en su juventud probó una gragea con gusto a vómito ¡puaj!-.

Pero la comida también aparece como peligro, misterio, como objeto mágico que produce efectos inesperados en el personaje. Alicia se agranda o se achica de acuerdo al bocadillo que prueba, al líquido que bebe, cosas similares suceden en texto como El higo más dulce, donde los higos son los portadores de la magia que genera el conflicto central del cuento. Esta idea de la comida como objeto transformador de la realidad, es usada de forma “impertinente” por Leray en su texto Una caperucita roja donde el lobo es asesinado con un caramelo por la mismísima caperucita.

También hemos seleccionado textos sobre aquellos que comen excesivamente como la princesa Tragaldabas o el niño comelibros. La saciedad y el placer después de una buena comida se parecen mucho a los que generan un buen texto literario, por eso hablamos del apetito del lector, de los libros recién salidos del horno… Así que ¡A comer!... digo ¡A leer!

Un taller para entrar al mundo de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll

En muchos textos literarios y fílmicos los protagonistas ingresan en un mundo paralelo, fantástico o a una época antigua o futura a través de un elemento que funciona como transportador de los héroes hacia ese nuevo espacio-tiempo, como dijimos antes, en muchos textos este elemento es algo comestible. Los personajes vagan por lo conocido e intentan explicar lo desconocido a partir de su propio universo. Esta sensación vivida por los personajes lleva consigo los conceptos de extrañamiento, naturalización y desnaturalización. Por lo tanto, en este taller de escritura, a partir de varios estímulos los alumnos serán a invitados a imaginar una aventura a un lugar y un tiempo diferente al que transitan. Para crear esta atmósfera el coordinador narrará la siguiente historia breve que funciona como disparador para la escritura:

Eran casi las 9 de la noche y estaba en mi balcón tomando un poco de aire, cuando de pronto un bosque se abrió entre las macetas de las Santa Ritas más altas. Decidí atravesarlo. Era un bosque espeso iluminado por la luna que hacía resplandecer las flores extrañas y todo lo desconocido. En el camino que se abría en la espesura encontré árboles extraños, de entre ellos, llamó mi atención, un arbusto del que crecían moras rojas y violetas. Los frutos se veían

apetitosos y decidí tomar una de cada color, probando primero las rojas que se veían brillantes y jugosas. Eran de un sabor exquisito, la fruta me provocó un sueño instantáneo, al despertar descubrí que no me rodeaba el bosque sino una ciudad extraña, de unas construcciones suspendidas en el aire que me recordaban los edificios de la costa, algunos nuevos y otros gastados por la sal del aire. Podía pararme incluso debajo de ellos y el espacio que quedaba entre ese cubo gigante y yo era inmenso. Aunque en un comienzo me asusté, decidí explorar el lugar, el cielo se parecía al mar, y los hombres y mujeres que caminaban por esas calles abiertas donde solo había pasto, llevaban túnicas de diferentes colores y parecían comunicarse entre ellos sin necesidad de emitir sonidos. Me pregunté como llegaban a los edificios, y pude ver que algunos de esos seres sacaban un papel de su bolsillo y comenzaban a doblarlo. Lo hacían mecánicamente y construían con él una escalera, por la que subían al edificio, perdiéndose de mi vista. Pasaban las horas y me sentía hambrienta y cansada. Como no tenía papel no pude construir una escalera hacia los almacenes que veía desde el pasto. Sin embargo, tampoco hubiera sabido cómo hacerlo. Recordé la mora negra que aún estaba en mi bolsillo y decidí comerla. Volví a sumirme en sueño profundo para despertar otra vez en el bosque. Seguí comiendo moras porque aún tenía hambre, y volví a desplazarme a otro lugar. Así me di cuenta de que el árbol, o los frutos del árbol me permitían viajar por el tiempo o mi imaginación, y decidí seguir haciéndolo. Probé otra mora roja, aparecí en una ciudad donde los hombres vestían con plumas y hablaban una lengua salida de la tierra. Recorrí la ciudad y, en ese proceso, descubrí que el tiempo en aquellos lugares que visité se movía de una forma particular. Estuve allí años enteros, sumergida en ese mundo antiguo y olvidado, finalmente comí la mora negra para regresar. Era tarde, aunque en mi tiempo habían pasado quince minutos, la comida estaba en el horno y ya estaría lista. Al día siguiente fui otra vez al bosque y al arbusto y comí las moras, e hice muchos viajes durante mucho tiempo. Una noche descubrí que el bosque era menos frondoso, como si se estuviera gastando, y que en el arbusto quedaban solo unas pocas moras, tomé todas las que quedaban. Comprendí que el bosque desaparecería para siempre. Las tengo en esta bolsa para compartirlas con ustedes y que cada uno experimente los mundos de su imaginación.

El coordinador reparte las golosinas e invita a los alumnos a escribir lo que ellos imaginan que podría ocurrirles en este viaje. A este estimulo pueden sumarse otros, como atenuar la luz del aula y elegir música ambiental que sugiera diferentes atmósferas.

Finalizado el momento de escritura, los alumnos que lo deseen podrán compartir sus textos. En la puesta en común se harán observaciones acerca de las producciones. También se alentará a los participantes para que señalen cuestiones en los textos de sus compañeros que crean interesantes o posibles de enriquecer en la fase de reescritura. Como cierre del taller se leerá el comienzo de Alicia en el país de las maravillas.

Libros

El ratón que quería comerse la luna

: Devetach, Laura (texto); Rojas, Oscar (ilustraciones) · Sudamericana

2011 · Buenos Aires

“Verde” en Sucedió en colores

Bodoc, Liliana · Norma

2004 · Buenos Aires

Los pomporerá (versos populares)

Devetach, Laura (comp) · Sudamericana

2001 · Buenos Aires

“Don Enrique del Meñique” En Canciones para mirar

Walsh, María Elena · Alfaguara

2010 · Buenos Aires

Harry Potter y la piedra filosofal

Rowling, J. K. · Emecé

2000 · Buenos Aires

“Tragaldabas del Peloponeso” en Princesas olvidadas o desconocidas

“Tragaldabas del Peloponeso” en Princesas olvidadas o desconocidas · Edelvives

2005 · Madrid

“Nanas de la cebolla” en Cancionero y romancero de ausencias

Hernández, Miguel · Losada

1960 · Buenos Aires

La guerra de los panes

Montes, Graciela (texto); Torres, Elena (ilustraciones) · Sudamericana

1999 · Buenos Aires

Barbanegra y los buñuelos

Wolf, Ema · Colihue

1994 · Buenos Aires

"El olor de la noche" y "La forma del agua"

Camillieri Andrea · Salamandra

Buenos Aires

Cocina Ecléctica

Gorriti, Juana Manuela · Félix Lajouane Editor (Librairie Générale)

1890 · Buenos Aires · Actualmente se puede leer y consultar en línea: http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/miscelanea/cocina_eclectica/cocina_00indice.htm

Apología del matambre

Echeverría, Esteban

Actualmente se puede leer en línea: http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/miscelanea/matambre/matambre.htm

Réquiem

Tabucchi, Antonio · Anagrama

2002 · Buenos Aires

Babayaga

Le Thanh, Taï-Marc (texto); Dautremer, Rébecca (ilustraciones) · Edelvives

2004 · Zaragoza

Hansel y Gretel

Browne, Anthony (ilustraciones); Hermanos Grimm (Texto) · Fondo de Cultura Económica

2004 · México

Cuento con ogro y princesa

Mariño, Ricardo (texto); Cantón, Laura (ilustraciones) · Colihue

1987 · Buenos Aires

La caperucita roja

Gotlibowski, Leicia (ilustraciones); Charles Perrault (texto) · del Eclipse

2006 · Buenos Aires

del Eclipse

Andruetto, María Teresa · Mondadori

2012 · Buenos Aires

Los libros de Alicia. La caza del Snack. Cartas. Fotografías

Stilman, Eduardo (traducción) · de la Flor

2000 · Buenos Aires

Érase una vez una vieja que tragó una mosca gris

Holmes, Jeremy (texto e ilustraciones) · Catapulta

2010 · Buenos Aires

El higo más dulce

Van Allsburg, Chris (Ilustraciones y texto) · Fondo de Cultura Económica

1995 · México

“Sólo postre” en Los misterios del Sr. Burdik

Van Allsburg, Chris (Ilustraciones y texto) · Fondo de Cultura Económica

1996 · México

Una caperucita roja

Leray, Marjolaine (texto e ilustraciones) · Océano

2009 · México

Donde viven los monstruos

Sendak, Maurice (texto e ilustraciones · Alfaguara

2007 · Buenos Aires

¡La verdadera historia de los tres cerditos!

Scieszka, Jon (texto); Smith, Lane (ilustraciones) · Scholastic

1991 · New York

“Bruce Bogtrotter y la tarta” en Matilda

Dahl, Roald · Alfaguara

2006 · Madrid

“La gran duquesa y la papa” en Historias a Fernández

Wolf, Ema · Sudamericana

2007 · Buenos Aires

Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre

Montes, Graciela · Colihue

2007 · Buenos Aires

“Unas plumas” en Segretín, Claudia Marcela (coord.): Los oficios del lápiz 2. Antología de literatura infantil ilustrada

Brown, Virginia · Jitanjáfora

2009 · Mar del Plata

El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos

Scieszka, Jon y Smith, Lane · Continente

2011 · Buenos Aires

El comelibros

Comotto, Agustín (texto e ilustraciones) · del Eclipse

2006 · Buenos Aires

El increíble niño comelibros

Jeffers, Oliver (texto e ilustraciones) · Fondo de Cultura Económica

2009 · México