Navegar sin temor, en el mar es lo mejor… Un itinerario para pequeños navegantes
- Compartir su cita bibliográfica y la tapa.
- Sugerir intervenciones posibles para el mediador de lectura a través de un texto breve y accesible con algunas referencias conceptuales o teóricas.
- Aportar al mediador de lectura esta selección que puede resignificar, compartir y utilizar en sus proyectos de lectura en contextos diversos y con diferentes grupos de lectores.
2. Leemos juntos
Oh! Silencio, hijo mío, la noche está tras nosotros, y negras son las aguas que tan verdes brillaban. La luna, sobre las olas, mira hacia abajo para encontrarnos, descansando en los huecos que susurran entremedio. Donde las olas se encuentran, será blanda tu almohada, Oh, my pequeño y cansado ‘aletitas’, acurrúcate a gusto! La tormenta no te despertará, ni el tiburón te alcanzará, dormido en los brazos del suave balanceo de los mares.
Rudyard Kipling. The Seal Lullaby [La nana de la foca]
El mar y la literatura se parecen mucho: en la inmensidad, en las múltiples posibilidades de juego, en los misterios, en las diversas orillas donde hacer pie, en el movimiento. Aquí, especialmente nos convoca el vaivén de las olas y el mecer de los brazos que arrullan. En este itinerario les proponemos chapotear, jugar, descubrir con las y los primeros lectores, asumiendo, en primer lugar que llamamos así a los bebés desde su nacimiento y hasta los 5 años. ¿Por qué? Porque suscribimos a la idea de la lectura como construcción de sentidos y por lo tanto, entendemos que los bebés, están leyendo desde su llegada al mundo: con todos sus sentidos, exploran, interpretan, experimentan para poder sobrevivir y entrelazarse al entramado cultural (López, 2021). Zarpamos, entonces con canciones de cuna y poemas breves que probablemente sean parte del camino lector de los mediadores y que están allí en el reservorio poético que todos tenemos (Devetach, 2008) para acompañar mientras tratamos de dormir o jugamos. En ¡Hola! Que me lleva la ola, Sergio Andricaín recopila formas poéticas de tradición oral y de autor de diversas culturas que habilitan el juego. Adivinanzas, retahílas, canciones de todos los tiempos que seguramente traerán a la memoria otras rutas: los tesoros del fondo de la mar que describe Alfonsina Storni o la caracola que le trajeron a Federico García Lorca podrían subirse al barquito de cáscara de nuez adornado con vela de papel de los payasos Gabi, Fofo y Miliki. Y como la musicalidad de las palabras y la amorosidad del ritmo son las características más presentes en este momento de la vida, podemos seguir por puertos que se abren a través de nuestra querida María Elena Walsh y su Canción del pescador o El pez tejedor. En Vaivén de Laura Forchetti, Música del mar de Didi Grau y Por la mar salada de Nieves Garcia, el estribillo y la rima proponen el juego sonoro, mientras que la estructura poética se amplía en los versos con temas marinos de Poemas de Alta mar de Canela y A mares de Rocío Martínez. Por su parte, ¡Ay, barquito de papel! de María Emilia López y Laura Varsky ofrece un texto breve que se potencia en las imágenes de un fondo del mar plagado de colores vibrantes en un formato desplegable que nos hace viajar entre el día y la noche, el cielo y el mar. ¿Y si hacemos barquitos de papel para llevar poemas por aquí y por allá? ¿Y si hacemos juntos el mar por donde van esos barquitos y nos llevamos cada uno un pedacito? ¿Y si memorizamos unos versos para cantar mientras hacemos navegar al barquito? Cerca de los 4 o 5 años arribamos a los muelles de los relatos más complejos. Los lectores crecen y con ellos la curiosidad por bucear entre el lenguaje narrativo por más tiempo con la posibilidad de seguir personajes en tramas más extensas, desafiantes y asombrosas. Algunos cuentos invitan a sumergirnos e imaginar mundos submarinos como Martín pescador y el Delfín Domador en los Cuentopos de Gulubú y otros, en cambio exploran desde la superficie y se preguntan por los misterios y la inmensidad. El maestro de Un mar para Emilia, de Liliana Bodoc, viaja desde la escuela de montañas hacia el mar y se ofrece para llevar mensajes en botellas. Pero hay una nena que no quiere mandar mensajes, quiere conocer el mar. Podemos arriesgar con los lectores qué le contó a Emilia su muñeca sobre el mar, podemos mandar nuestros mensajes a quienes no lo conocen,, podemos conversar sobre cómo contamos cuando no encontramos las palabras… También, como las botellas lanzadas al mar por los náufragos, desde la sala puede salir una botella que traiga de cada casa unos versos para compartir y extender el chapoteo. En la literatura para primeros lectores hay niños y niñas que viajan, conocen el mar y juegan: Federico y el mar, de Graciela Montes, Lía y el mar de Pablo Dema, Tomasito va de vacaciones, de Graciela Cabal, Lucas y Simón van a la playa, de Silvia Schujer, Mila y el mar, de Paula Bombara. Podemos explorar qué hacen los diferentes personajes en la playa o seguir a uno de ellos, en el caso de las sagas, listar juegos en la orilla, inventar otros… o ir a la playa a leer y hacer castillos de sal y monigotes en la arena. Pero no todo es palabra escrita. Una gran invitación para lectores de todas las edades es poner palabras donde parece que no las hay, reponer sentidos a partir de lo que nos cuentan las imágenes. Los libros silentes Flotante y La ola son una oportunidad para jugar entre dimensiones: superficie y profundidad, orillas diversas, mundos y tesoros, jugar de lejos, jugar de cerca… En Flotante, un artefacto extraño aparece en la costa, un niño curioso lo investiga, descubre que es un tipo de cámara y revela los misterios que trae ¿de otros mundos? ¿Podemos imaginar cómo son esos mundos? ¿Hasta dónde llegarán estas imágenes? ¿Qué imagen sumamos? ¿Contamos cómo es “nuestra orilla”? Un libro que abre juegos a lectores de todas las edades, una y otra vez, que revela y esconde y que parece no terminar. Los libros que dejan puertas abiertas son los mejores… En La ola, una nena pasea con su mamá por la orilla, mira el mar de lejos primero y se va acercando. Se anima poco a poco, en ese movimiento que hacen también los niños ante lo desconocido: se arrima, juega, desafía a una ola que crece, va y viene, como ella. Un mar que deja esos tesoros que se entran en el bolsillo y duran para siempre. Este libro puede dar lugar también al armado de un escenario lúdico: unas telas grandes pueden transformar la sala en un mar, con olas para entrar y salir, esconderse, envolverse… Opciones para pensar las formas que puede adoptar el mar, como lo hace el poeta de María Wernicke, utilizando la metáfora para definirlo. Sabemos también que estamos en tiempos de transliteratura (Blake y otros, 2021) y que la multimedialidad se ofrece a mares. Muchos de estos textos dialogan con producciones audiovisuales de calidad que dan continuidad a la propuesta estética de los libros. Será tarea de los mediadores curiosos navegar por la web y elegir qué recursos hacen de la pantalla un momento poético. Nuestros preferidos son las animaciones de El lápiz pez, en la voz de Canela, de ¡Ay, barquito de papel!, con su impactante juego de contrastes y por supuesto, la dulzura de la voz de María Elena Walsh. Porque navegar en estos océanos literarios, remite al ondular de las mareas incluso desde el útero materno, y también a los juegos infantiles de sostén y vaivén tan propios de la infancia: hamaca, sube y baja, avioncito, aserrín aserrán, tope tope tún… Sumergirse en ellos implica la compañía de un mediador adulto que invita, propone y brinda seguridad frente a lo desconocido, como quien sostiene al niño al llegar a la orilla del mar. El ir y venir de las palabras, como olas que se alejan, se acercan y se vuelven a alejar. La emoción de alcanzarlas, dejarlas ir y disfrutar anticipando el regreso, de la mano de alguien que cuida. De eso se tratan las primeras experiencias de la lectura.Libros

Vaivén
Laura Forchetti, ilustración de Mariana Ruiz Johnson · Ojoreja

Música del mar
Didi Grau, ilustración de Loreto Salinas · Ojoreja

Por la mar salada
Nieves García y Marina Gibert · Kalandraka

Un mar para Emilia
Liliana Bodoc, ilustración de Vicky Malamud · Bambalí Ediciones

Poemas de Alta mar
Canela, ilustración de Cecilia Afonso Esteves · Comunicarte

¡Ay, barquito de papel!
María Emilia López, ilustración de Laura Varsky · Ojoreja

El pulpo cocinero
Ruth Hillar y Sebastián Cúneo, ilustración de Estrellita Caracol · Gerbera

Los mares de Valentín
Ana Méndez, ilustración de O’kif · Libros álbum del eclipse

Penas de amor y de mar
Gustavo Roldán, ilustración de Viviana Bilotto · Sudamericana

A mares
María Jesús Jabato, ilustración de Rocío Martínez · Faktoría de libros

El poeta y el mar
María Wernicke · Kalandraka

¡Hola!, que me lleva la ola. Rimas, juegos y versos
Selección de Sergio Andricaín, ilustraciones de Ana María Londoño · Santillana

Flotante
David Wiesner · Océano Travesía

Martín pescador y el Delfín Domador, en Cuentopos de Gulubú
María Elena Walsh · Alfaguara

El pez tejedor, en Canciones para mirar
María Elena Walsh · Alfaguara

Canción del pescador, en Canciones para mirar
María Elena Walsh · Alfaguara

La ola
Susy Lee · Calibroscopio/Barbara Fiore Editora

Mila en el mar
Paula Bombara, ilustraciones de Diego de Arena · Eudeba

The Seal Lullaby [La nana de la foca]
Rudyard Kipling. Música de Eric Whitacre
