Julieta Arana

Me llamo Julieta, nací una madrugada de otoño y tal como simboliza mi nombre trágico, así soy yo: apasionada, dramática, intensa.
Mi infancia tiene la banda sonora de las canciones de Serrat que me cantaban mis papás, nanas de mamá para dormir, palabras y cuentos que aún hoy escucho en mi mente cuando quiero volver a un lugar seguro.
Los libros estuvieron, por suerte, siempre cerca. Recuerdo tardes de verano observando con curiosidad la biblioteca de mis abuelos, y robarle libros que olería y leería en mi casa horas después, para nunca devolverlos. Intuyo hoy, que mi abuelo los dejaba cerca, palpitando mi curiosidad voraz y pensando que me los encontraría en algún momento, allí desparramados, "casualmente".
Siempre amé ir a la escuela porque fue allí donde tomé contacto con los libros que más marcaron mi vida. Muchos de ellos son los que hoy, cómo profesora ,leo a mis estudiantes en voz alta. La escuela fue y es para mí, un lugar de posibilidad, de encuentro y de magia. Fueron épocas de miles y miles de cartas y diarios íntimos, repletos de desdichas amorosas, frustraciones y los sueños más alocados.
Sentí desde siempre que escribir era una necesidad vital y años después, pienso en cuántas palabras fueron refugio, me ayudaron a curar heridas, propias y ajenas, a dar paz, a brindar esperanza y achicar brechas de todo tipo.
Es por eso que elegí esta profesión y soy una jitanchica: soldada de este ejército, llevamos la palabra como bandera y como arma cargada de futuro.
