El domador de monstruos

Durante las noches los monstruos se dan cita en la habitación de Sergio. Las sombras se agigantan en la oscuridad y a veces siente miedo.
¿Qué tan grande es el tamaño del miedo? Y ¿cuánto espacio ocupa? Porque en esta historia los miedos mutan y se transforman en otra cosa. Y eso pasa cuando el protagonista decide hacerles frente. La primera medida que toma Sergio para quitarse el susto es conversar con los monstruos: “-¿Te crees que me das miedo porque sos feo?”. Y aunque la respuesta no llega (no por lo menos, del modo que esperamos). Sergio arremete: “-Si me seguís mirando así llamo a un monstruo más feo que vos para que te asuste.” Y de esta manera hace su entrada uno mucho más horripilante que el anterior, con más trompas, más cuernos, más ombligos y colas.
Los nuevos monstruos -cada vez más feos- no sólo están hechos de más bocas, más lenguas y más cuernos sino de palabras, de lenguaje. Las preguntas doman el miedo y aunque el desfile de monstruos es incesante, el miedo de Sergio se hace cada vez más chiquito que ni se ve.
María Marta Martínez (septiembre de 2012)